Un rincón donde los sueños se hacen realidad a través de las palabras. Sueña conmigo...

lunes, 13 de febrero de 2012

Mensaje en una botella

Hace años que no te escribo, y he decidido lanzar este mensaje al mar. No es que te tenga en el olvido, ni mucho menos. Te marchaste dejando recuerdos en latas de conservas, guardados en ese refugio nuclear que es mi memoria. Aparecen con el viento, con las olas o con cualquier ápice de vida que me rodee. Porque muchas de tus vivencias fueron las mias, porque juntos conocimos los entresijos del mundo, y ahora que formo parte de él, no puedo dar un paso sin recordar. Porque recordar, aunque traiga dolor al principio, es sano. Orgulloso me hayo de haber vivido lo que viví y de haber disfrutado lo que disfruté. El destino te llevó lejos, donde mis obligaciones con la vida me impiden alcanzarte. Allí, ya estaba Ella esperando. Aguardando, preparandolo todo. Siempre fue así. Cuidó de todos hasta el final. Y si alguno de nosotros somos algo, en gran medida será por Ella. Hasta con su marcha, nos preparó a todos para lo que vendría después. El dolor de una pérdida es tan irreparable como incontable. El dolor se sufre, pero no se mide. Cada uno lo lleva a su manera, la que le permite su cordura. Y en estas fechas aparecen más recuerdos. Todo pasó de repente. Un día estabas aquí, cumpliendo años y al otro nos estábamos despidiendo. Cuánto nos ha dado la vida y de cuánto nos ha privado. Aun te añoro. Ese vacío, sellado a fuego por la careta del olvido, seguirá latente siempre. Pero sigo adelante. Por vosotros, por lo que nos enseñasteis, y porque alguien merece que le enseñe lo que yo antes aprendí. Mientras tanto, pasa el tiempo. Y los recuerdos. Hasta que algún día, sean otros los que se despidan de mí. Porque así funciona este circo. Nos vemos en la próxima función.

miércoles, 8 de febrero de 2012

Melilla

Melilla, la de la historia fenicia, el acento europeo y el rasgo africano.
La de las murallas de cartón y los cañones de fogueo.
La que guarda el secreto de la Victoria entre sus playas vírgenes.
La que pinta amaneceres de oro y baña a sus playas de sal.
La del alma marinera y mediterránea.
La que esconde diversidad entre palmeras iguales.
La que observa y obedece desde lejos.
La que mira a la pared, castigada en un rincón.
La guerrera desarmada.
La frontera sin nación.
La que cuando llueve se moja como los demás.
La que cuando no llueve también se moja.
La abandonada y maltratada.
La fiel y amante tonta de triste final.
La orgullosa y envidiosa.
La que morirá esperando con el faro siempre encendido.
La mía.

El amor nunca fue ciego

Al amor siempre le sobraron lenguas y le faltaron ojos. Las palabras huyen con el viento, las miradas se graban a fuego en la retina del alma

A mi vera...

Las minas del Rey Salomón bañan sus cabellos, que envuelven el rostro de un ángel caido del cielo. El marrón de sus ojos me devuelve a las playas de mi infancia. A sus murallas. Las mismas que me imponen su presencia. Sus labios, afilados como su lengua, son la manzana de Adán. Su cuerpo desata mis pasiones más mortales e insinua una tormenta perfecta. Como una deidad, brilla, resplandece, omnubila. Cual regalo celestial, amanece a diario a mi lado convirtiendo cada despertar en el inicio de mis sueños.

jueves, 2 de febrero de 2012

Añoranza marinera

Te dejé escrito en la arena mi nombre antes de marcharme, sin saber cuando volvería a verte. Ese gesto apaciguó mi tristeza. Ya sin ti, probe con otras playas, pero su sal no era la misma. Tus murallas la impregnan de su ADN y mi sangre no reconoce otra orilla.
Y me desangro...
Mis reservas se agotaron y vivo en mi propio asedio, bañado por aguas ajenas, que dañan tu recuerdo. El azul de su mar no es el mismo en el que me bautizaste, el oro de su arena no la moneda que compra mi corazón. ¿Qué nos separa, si son tus aguas lo que nos unen?